But when you fast, anoint your head and wash your face, that your fasting may not be seen by others but by your Father who is in secret. And your Father who sees in secret will reward you.
No Te dejes Engañar (Don't Be Fooled)
¡No te dejes engañar!
Tengo una pregunta para ustedes: ¿para qué te estás preparando en esta vida? Piénsalo, ¿para qué te has estado preparando?
¿Para unas vacaciones de ensueño en un hotel? ¿Para seguridad financiera? ¿Para el sueño americano? Y, además, ¿para qué
preparas a tus hijos, a tus nietos? ¿Para qué preparas a los amados en tus vidas e iglesia? ¿Sólo para sobrevivir en este mundo
frío y cruel? ¿Para escoger buenos amigos? ¿Para tomar buenas decisiones? ¿Para ir a la universidad? ¿Para que sepan vivir
solos y mantenerse? ¿Para que vivan mejor que tú? ¿Para que tengan una vida larga y satisfaciente? Jóvenes, ¿para qué se
preparan? Ancianos, ¿para qué se preparan?
Lo que he mencionado es bueno, pero lo más importante no estaba en esta lista: lo único que, realmente, importará al final no
estaba. ¿Cuántos de ustedes se preparan y preparan a sus amados para la eternidad? ¿Cuántos se preparan para el día en que
mueran y vean a Dios? De lo que oigo de nuestro hermano amado que murió y entró en la presencia del Señor, él estaba preparado
para ver a Dios y, en la soberanía de Dios, el Señor había puesto en mi corazón hablar de este tema antes de que el hermano
pasase a la presencia suya. Por tanto, tienen un trasfondo fresco de la importancia de prepararse para morir.
Casi nadie habla de “prepararse para morir”; quizá en un funeral se oiga, pero no en el día a día. Incluso en la iglesia, pocos hablan
de este tema. Amados amigos, niños, jóvenes, ancianos, padres, iglesia: los amados en sus vidas tienen almas eternas, tú tienes
un alma eterna, ¡siente el peso eterno de esa verdad! ¡Vivirás para siempre! ¡Todos existiremos para siempre, en el infierno, por
siempre, o en el cielo, por siempre! ¡Eres un alma eterna!
Por ende, te ruego, no te dejes engañar por el sueño americano, la pesadilla satánica. Es la misma oferta que el diablo le hizo a
Cristo: “Todo esto te daré…” (Mat. 4:8-9). ¡No te dejes engañar!
En Marcos 8:31-35, Jesús le dijo a sus discípulos, “Mi misión en la vida es sufrimiento, no construir un reino cómodo en esta tierra.
Yo seré rechazado y matado”. Pero a Pedro no le gustó: él no quería oír sobre el sufrimiento y ver su sueño aplastado. Por ello,
tomó a Jesús aparte y ¡reprendió a Dios! Sin embargo, no seas rápido en juzgar, hermano: ¡nosotros hacemos lo mismo! Pedro no
tenía un sueño americano… Tenía un sueño jerusalémico. Él reprendió a Jesús porque Él había aplastado su sueño de Jerusalén,
arruinando los planes de Pedro de tener una vida próspera en este planeta.
Jesús, entonces, reprendió a Pedro (v.33), y le llamó “Satanás”. La reprensión fue para Pedro, mas Jesús vio más allá de Pedro: vio
a Satanás. Cuando tu meta es, meramente, tener una vida de agrado y placer en esta tierra; cuando sólo te preparas para la
universidad; cuando sólo te preparas para seguridad económica; cuando deseas una vida sin dolor; cuando deseas una vida de
prosperidad; Jesús te dice “Satanás está detrás de ti”. Cuando lo que buscas es algo que puedes ver y tocar, el Diablo está detrás
de ello: tu mente está en las cosas de los hombres, no en las de Dios.
El remedio que Jesús brindó fue lo siguiente: “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y
sígame” (v.34).
• Niéguese a sí mismo
Esta es la misma palabra que se usa cuando se dice que Pedro negó a Jesús, lo que nos da un poco de luz al respecto: cuando
Pedro negó a Jesús, él no quería tener nada que ver con Él. Eso es lo que Jesús dice: ¡no quieras ser parte de ti! ¡No quieras tus
sueños y planes! ¡Niégate a tu yo!
• Toma tu cruz
En otras palabras, identifícate tanto con Cristo que darías tu vida por Él si fuese necesario.
• Sígueme
“Pedro, abandona tu sueño de Jerusalén, abandona tus planes, deja que yo aplaste tu sueño, dile no a tu yo, toma tu cruz,
tortúrate, está dispuesto a ser un mártir si es necesario, no mires al mundo y sígueme”. Hermanos amados, ¡sigamos a Jesús!
¡Apuntemos a nuestros hijos a seguir a Jesús (no ambiciones egoístas)! (Y para seguir a alguien así, tienes que ser cautivado por
esa persona, tienes que imitarla, tienes que ver a dónde va, tienes que mantenerte cerca de ella; ¡a eso es que te llama Jesús!)
Finalmente, Jesús dice: “El que quiera salvar su vida, la perderá” (v.35). Amados hermanos, todo el mundo se aferra a sí mismo y
sus sueños, y, a causa de tu pecado remanente, tienes la capacidad de hacer lo mismo; Jesús nos enseña que quien hace esto,
perderá su vida. Sin embargo, “el que pierda su vida por causa de mí y del evangelio, la salvará” (v.35): todo lo que importa es la
gloria de Jesús y el evangelio de Jesús, los 2 pilares. Si quieres conservar tu vida, dala para la gloria de Jesús y su evangelio, y
salvarás tu vida.
En este texto, Jesús nos muestra que nos ama, que ama a quienes amamos: lo que más le interesa es nuestra alma – “¿qué
aprovechará al hombre si ganare todo el mundo, y perdiere su alma?” (v.36). Jesús dice: “Pedro, el asunto no es una buena vida
aquí, ¡lo que me preocupa es tu alma!”. Jesús ama tu alma, el alma de tus hijos y la de tus nietos; a Él le interesa la parte nuestra
que vivirá para siempre.
Este año, ¿has estado, principalmente, preocupado por tu vida en este planeta pecaminoso, o por tu vida eterna? Padres, abuelos,
pastores, diáconos, ministros de jóvenes, cualquiera que pueda escuchar a Dios a través de mí: ¡preocúpense por su alma y por las
almas de sus seres queridos! ¡Estamos en una emergencia humana y muchos no la sienten – incluso en la iglesia! ¡Cuidado con lo
astuto y mentiroso que el Diablo es! ¡No ases batata! “¿No puedes ver? ¿No puedes ver? ¿Ves al mundo ahogándose? ¿Te
importa? ¿Te importa? ¿Los dejarás ahogarse?” (Keith Green). Jesús ha enviado gente a tu puerta y los has ignorado, pues has
estado más ocupado con lo temporal que lo eterno; ¡no te duermas en la luz y permitas que otros mueran en las tinieblas!
Junio 14, 2009
P. Klempton Turner
Quizá alguno diga: “Mis sobrinos e hijos son pequeños; yo empezaré a prepararlos espiritualmente cuando crezcan”. Padres, no
piensen así: “¡Vamos ahora! los que decís [¡Dios oye lo que decimos!]: Hoy y mañana iremos a tal ciudad, y estaremos allá un año,
y traficaremos, y ganaremos; cuando no sabéis lo que será mañana. Porque ¿qué es vuestra vida? Ciertamente es neblina que se
aparece por un poco de tiempo, y luego se desvanece. En lugar de lo cual deberíais decir: ‘Si el Señor quiere, viviremos y haremos
esto o aquello’. Pero ahora os jactáis en vuestras soberbias. Toda jactancia semejante es mala y, al que sabe hacer lo bueno y no lo
hace, le es pecado” (Stgo. 4:13-17). Tus hijos podrían no vivir otro momento. Dios enfrenta el orgullo de la presunción: que tus hijos
de 4 años, verán 5; que tú de 33, verás 34: si Dios quiere, vivirás y, si no quiere, morirás. ¡Esto es urgente, hermanos!
Amigos, debemos arrepentirnos y humillarnos a nosotros mismos y pedirle a Dios que nos perdone por nuestra arrogancia y
maldad, por la presunción de que tenemos más tiempo que pasar con nuestros seres queridos – especialmente, aquellos que no se
han arrepentido y creído en el evangelio. “Les quitas el hálito, dejan de ser, y vuelven al polvo” (Sal. 104:29), ¡¿sientes la urgencia
en ello?!
Una de las razones por las que soy apasionado por este tema es porque he ido a demasiados funerales de jóvenes. A veces, me
quedo con los obituarios, para recordarme que, sin importar cuán joven sea una persona, es necesario que los preparemos para la
eternidad. ¿Para qué preparas a tus hijos, a tus seres queridos? Ellos están a un paso de la eternidad.
“¿Cómo olvidar sus ojos llenos de lágrimas cuando me advertía que escapara de la ira venidera? ¿Cómo olvidar cuando se
arrodillaba y, con sus brazos sobre mi cuello, oraba ‘¡Oh, que mi hijo viva para ti, Dios!’ “ (Charles Spurgeon, escribiendo sobre su
madre). ¡Madres, Spurgeon se salvó cuando niño porque su madre oraba por él y le advertía! ¡Quiera Dios levantar madres
desesperadas y movidas por el evangelio, con la frente estampada con el evangelio!
Quiero cerrar con una ilustración que Jesús dio sobre la eternidad:
“Había un hombre rico, que se vestía de púrpura y de lino fino, y hacía cada día banquete con esplendidez. Había
también un mendigo llamado Lázaro, que estaba echado a la puerta de aquél, lleno de llagas, y ansiaba saciarse de las
migajas que caían de la mesa del rico; y aun los perros venían y le lamían las llagas. Aconteció que murió el mendigo, y
fue llevado por los ángeles al seno de Abraham; y murió también el rico, y fue sepultado. Y en el Hades alzó sus ojos,
estando en tormentos, y vio de lejos a Abraham, y a Lázaro en su seno. Entonces él, dando voces, dijo: ‘Padre Abraham,
ten misericordia de mí, y envía a Lázaro para que moje la punta de su dedo en agua, y refresque mi lengua; porque estoy
atormentado en esta llama’. Pero Abraham le dijo: ‘Hijo, acuérdate que recibiste tus bienes en tu vida, y Lázaro también
males; pero ahora éste es consolado aquí, y tú atormentado. Además de todo esto, una gran sima está puesta entre
nosotros y vosotros, de manera que los que quisieren pasar de aquí a vosotros, no pueden, ni de allá pasar acá’ ” (Luc.
16:19-26).
Wow… Este es un pasaje pesado. Sin embargo, es sencillo: si no han escuchado una palabra de lo que he dicho, ¡escuchen a
Jesús! Él nos habla de 2 hombres, uno rico, que confiaba en sus riquezas y no se interesaba en Cristo; y uno pobre, que no tenía el
mundo, pero sí a Cristo. Ambos murieron y uno fue llevado al cielo y otro al infierno, y la conclusión es la siguiente: no importa, en la
eternidad, si eras pobre o rico en la tierra; si vivías en una casa de 3,000 m2, en Santiago, o no tuvieras casa, en Haití; si tenías
zapatos buenos o andabas descalzo; si eras saludable o enfermo; si eras inteligente o bruto; si eras bonito o feo; si eras exitoso o
fracasado. Jesús enseña que lo único que importará cuando veas a Jesús, el Rey de reyes y Señor de señores, es, no si ganaste al
mundo y perdiste a tu alma, sino si perdiste al mundo y ganaste tu alma porque preferiste ganar a Cristo para la eternidad.
Piensa en tu propia vida, basándote en cómo vives, piensas, hablas, comes, gastas tus energías, tiempo y dinero; ¿te preparas y
preparas a los tuyos para esta vida o para la vida venidera? ¿De qué aprovechará al hombre ganar el mundo si pierde su alma,
para siempre?
Amén
preached at Iglesia Bautista de la Gracia in Santiago, Dominican Republic
español
