For the Son of Man came to seek and to save the lost.
You may need: Adobe Flash Player.
Download Audio7 razones por las que predicar
2 Corintios 5
Esta mañana hablamos sobre la urgencia por las cosas eternas y la pregunta que hicimos fue “¿Para qué te preparas, para esta
tierra o para la eternidad?”. Ruego que hayamos oído la voz de Cristo cuando nos dice que es satánico poner la mente en las cosas
de este mundo, en lugar de las cosas de Dios – la gloria de Cristo y su evangelio: ¡somos almas eternas y estamos a un aliento de
distancia del cielo, con Dios, o del infierno, con el Diablo! Hay una urgencia y Cristo es claro al mencionarla: debemos prepararnos
para la eternidad y estar vestidos, por gracia, sólo con la justicia de Cristo.
Por ello, continuemos sobre este tema y hablemos sobre la difusión del evangelio por medio de nuestras vidas y labios, a la luz de
la eternidad. Veamos 7 realidades gloriosas que, le pido a Dios, nos cautiven esta noche y que Dios use esta iglesia para impactar
los barrios pobres de República Dominicana y Haití.
Prediquemos el evangelio, difundámoslo, en vida y palabras, porque:
Lo peor que puede pasarte es lo mejor que puede pasarte (vv.1-6)
Esto significa que, siendo matarte lo peor que el Diablo puede hacerte, Dios ha hecho que el arma más terrible que el Diablo tiene
es nuestra mayor ventaja. ¡Tienes que recordar que el cuerpo que tienes es una tienda, un tabernáculo! Tu cuerpo es débil y bajo, y
no durará para siempre, pero, si eres cristiano, cuando tu tienda sea deshecha, tendrás una casa hecha por Dios: tu primer cuerpo
es débil, temporal y caído, el otro es fuerte, sólido y eterno.
Cuando salí a acampar hace un par de años con una iglesia en la que ministré, estaba bien incómodo y anhelaba volver a casa, a
mi esposa e hijos; ¡este debe ser nuestro anhelo! ¡Cristianos, difundamos el evangelio, muramos si es necesario, porque tenemos
casa en el cielo! Cuando este cuerpo mortal sea desvanecido, tendrás la casa que Dios ha hecho para ti (Jn. 14:3; Heb. 11:9-10):
“porque no quisiéramos ser desnudados, sino revestidos, para que lo mortal sea absorbido por la vida” (v.4).
En Romanos 8, cuando se habla del gemido de la Creación y el nuestro (Rom. 8:19-23) (el mismo que encontramos en el creyente
en 2 Cor. 5:4), se nos dice que hay gloria esperando, de la cual no tenemos ni idea: la Creación completa está esperando – los
árboles, las rosas, los planetas, las estrellas, ¡todo! – por lo que tú, cristiano, serás en gloria. En el v.21, se nos dice que la
esclavitud a la corrupción por la que estamos sujetos será quitada y seremos libertados a la libertad gloriosa de los hijos de Dios.
¡Qué esperanza tenemos! El evangelio es tan poderoso que la cruz no sólo regeneró tu alma, sino que, también, regenerará los
cielos y hará que la tierra renazca, que las estrellas renazcan, que los árboles renazcan. ¡La gloria de nuestra esperanza es
inimaginable!
Por ende, teniendo eso en mente, predica el evangelio y, con gozo, abraza el sufrimiento y, aun, el martirio, por la gloria que te
espera; ¡da tu vida! Difunde el evangelio y muere, si es necesario: lo peor que puede sucederte ha sido coordinado por Dios para
que sea lo mejor que puede sucederte.
Por ello es que Pablo dice que siempre vivimos confiados, en valor (v.6). Cuando conoces estas realidades gloriosas, siempre
puedes vivir confiado, pues conoces que a todos los que Dios predestinó, Él los llamó y los justificó y los glorificó. Por tanto,
siempre está confiado y difunde el evangelio.
Tu propósito en el mundo es agradar a Dios, no a los hombres (v.9)
Sea que estemos en nuestros cuerpos humanos o en los cuerpos glorificados, tenemos una sola santa ambición: ¡agradar al Señor!
¿Para qué predicamos? Para agradar a Dios. ¿Para qué hablar del evangelio a los que no oyen? Para agradar a Dios. ¿Para qué
predicar en Haití? Para agradar a Dios.
A la luz de los vv.1-8, Pablo nos dice que su propósito es agradar a Dios: comparada con la eternidad, ¡nuestra vida es nada! Por
esto, agradémosle. Otra motivación que Pablo indica está en el v.10: todos compareceremos frente al tribunal de Cristo: ¡es
necesario! Esto no podrá ser pospuesto o cancelado y, en breve tiempo, estaremos frente a Cristo, sin poder escondernos o
retroceder – y no para ser juzgados contra el pecado (para el cristiano), pues éste fue juzgado en la cruz, sino para que nuestra
fidelidad al evangelio sea evaluada en aquel día y recibamos de acuerdo a lo que hayamos hecho.
Así, vivimos para agradar a uno. No importa quién aplauda o se agrade en ti, lo único que importa es si Cristo está feliz contigo.
Tememos a Dios más que a los hombres (vv.10-11)
El tren de pensamiento de Pablo es el siguiente: en unos momentos, veré al Rey y mi fidelidad al evangelio será evaluada y, por
ello, en lugar de temer a los hombres, temo al Señor. Pablo dice: “El temor del Señor me motiva a persuadir a otros para ver a
Cristo”. Esto fue, en un momento, confuso para mí: Pablo habla del temor del creyente al tribunal de Cristo cuando los cristianos
serán evaluados. Sin embargo, cuando predicamos el evangelio, no solemos pensar en el juicio de Dios para nosotros, sino en el
juicio de Dios para los incrédulos.
Conociendo esto, tenemos una doble motivación de temor: (1) tememos por el alma del incrédulo que perece y (2) tememos por
nuestra propia fidelidad ante el tribunal de Cristo. ¡Seremos evaluados por Dios!, por ende, seamos fieles al predicar el evangelio.
Junio 17, 2009
P. Klempton Turner
Somos controlados por un loco y profundo amor por Cristo (vv.11b-13)
Estos versos son un poco técnicos, pero trataré de resumir: cuando Pablo habla, suena a la defensiva (“espero que lo que le es
manifiesto a Dios, les sea a ustedes”) y se debe a que los falsos apóstoles estaban siendo usados por el Diablo para tratar de
difamar a Pablo, y su respuesta es: “Dios sabe que lo que Él nos ha dado es auténtico y ustedes lo saben, por lo que
¡defiéndannos! ¡Y, si nos dicen locos, cierto: estamos locos para Dios! ¡Y, si nos dicen cuerdos, cierto: estamos cuerdos para
ustedes! Sin importar lo que digan, Dios nos ha dado la gracia de tener una motivación no egoísta, auténtica, por ustedes: todo lo
que hacemos es por la gloria de Dios y por el bien de sus almas. Tenemos una motivación pura y evangélica por una razón: el amor
de Cristo nos constriñe”.
Hermanos, el temor al juicio de Dios es una motivación para ser fiel, pero hay una mayor motivación, ¡una mucho mejor!: el amor de
Cristo (v.14). Jesús fue inmolado en la cruz por nosotros, hecho pecado por nosotros, absorbió la ira de Dios por nosotros; ¿cómo
no amarle? ¡Su amor nos controla como el timón de un carro! Lo que motivó a Pablo fue la realidad de que uno murió por todos y,
luego, todos murieron a este mundo pecaminoso, para que, los que viven, no vivan para sí, sino para Cristo. Hermanos, cuando
somos recordados del amor de Cristo, nuevamente, la cruz nos mueve, nos controla, nos da poder, nos guía; ¡seamos cautivados
por la cruz!
Este tipo de fidelidad es motivado por un loco amor por Jesucristo: ¡fuimos llevados de culpa a perdón, de ira a rescate, de
esclavitud a libertad, de ceguera a tener vista! No predicamos porque no hemos sido conmovidos como debiéramos por la cruz: tu
cuello estaba en la guillotina y Cristo tomó tu lugar; estabas en la silla eléctrica y, justo antes de bajar el interruptor, Él tomo la ira de
Dios; la escopeta de la ira de Dios apuntaba a tu pecho y en tu momento más débil, antes que el gatillo fuese halado, Cristo tomó la
escopeta y fue explotado por la ira infinita de un Dios santo. Dios demostró su amor por ti en que, cuando tú y yo éramos
pecadores, Cristo murió por nosotros. ¡¿No es eso suficiente?!
Tienes una visión nueva y radical de Cristo y de todo el mundo (v.16)
Pablo nos estimula a predicar, pues no conocemos a las personas según la carne (ni siquiera a Cristo), como lo hacíamos.
Esto significa que, debido a que hemos sido, radicalmente, transformados por el evangelio, vemos a Jesús diferente. Le pasó a
Pablo en Hechos 9 y, según este versículo, ¡nosotros tampoco! Jesús es supremo en todas las cosas y la plenitud de la deidad
habita en Él, agradándose el Padre en cumplir todas las cosas en Él; ¿lo vemos así?
Sin embargo, tampoco vemos a los demás igual: antes veíamos a varones y mujeres, altos y bajos, bonitos y feos… Sin embargo,
ahora vemos a todos como un alma eterna, no como blancos o negros, o indios o latinos, o gordos o flacos, sino como almas en
camino al cielo o en camino al infierno. (En ese sentido, ¡Jesús nos daña para siempre!)
¡Quiera Dios que no podamos ver a alguien sin pensar en si van al cielo o al infierno! ¡Quiera Dios difundir el evangelio a través de
su iglesia, pues Dios le ha dado una visión radicalmente nueva de este mundo!
Eres nuevo y eso es lo que las criaturas nuevas en Cristo hacen (v.17)
La razón por la que vemos a Cristo y al mundo diferente, la razón por la que tenemos ojos nuevos, es porque tenemos una
naturaleza nueva. Todo es nuevo para nosotros y vemos a Cristo como Rey y a los demás como almas desesperadas por el
evangelio.
Por tanto, ¿podría ser que la razón por la que no veas a las personas diferentes y no quieras compartir el evangelio con ellos sea
que no has nacido de nuevo? Una de las pruebas de un verdadero cristiano es que ves a las personas como muertas, antes de que
sea muy tarde, ¿lo haces? (2 Cor. 13:5). ¿Deseas llevar el evangelio? (Digo “deseo” porque todos hemos fallado en algún momento
u otro.) Cuando el Espíritu Santo viene sobre ti (Hech. 1:8), te hace testigo (que da testimonio), ¿lo eres? ¿Deseas predicar el
evangelio a toda costa? ¿Has nacido de nuevo?
En Rom. 8, se nos dice que el Espíritu testifica a los nuestros de que somos hijos de Dios, pero la seguridad de salvación se ve, no
sólo en el testimonio interno, sino que nuestro testimonio a otros es, también, evidencia de gracia.
Has recibido las 3 M: Ministerio, Mensaje y Mandato (vv.18-20)
Se les ha concedido un ministerio con Dios (v.18), un mensaje de Dios (v.19,21) y un mandato por Dios (v.20).
Tenemos un ministerio, hermanos y hermanas, no sólo de adultos, o de estudiantes de seminario, o de diáconos, o de pastores,
sino que, si alguno está en Cristo (v.17), si alguno es salvo, tiene el ministerio de la reconciliación: Dios, a través de ti, está
reconciliando, en Cristo, al mundo consigo mismo. No esperes a estudiar en un seminario, no esperes un entrenamiento especial:
anuncia que Dios es santo y el hombre es pecador, pero que, en su amor, Él vino al mundo a cargar la ira de Dios, satisfaciéndola y
resucitando de los muertos, para que todo el que quiera, pueda ser salvo.
Además, tienes un mensaje: al que no conoció pecado, por nosotros, Dios lo hizo pecado, para que fuésemos hechos justicia de
Dios en Él: ¡hay una manera en la que Dios toma tu pecado y lo considera de Cristo, y considera la obediencia de Cristo como tuya!
¡No hay mensaje así en el mundo! ¡No hay religión que tenga un Dios que se haga carne y muera por los suyos! La principal razón
por la que los musulmanes vienen a Cristo es: “Escuché que Jesús Cristo perdona; Alá no perdona”. ¡Qué mensaje tenemos! “¡Hay
un camino por el que un Dios santo no cuenta las transgresiones contra ti!”, ¿no es maravilloso? ¡Qué gozo tener una conciencia
limpia y un alma perdonada.
Finalmente, tenemos un mandato dado por Dios: “reconciliaos con Dios”. Somos embajadores, representantes del Rey de reyes y
Señor de señores, y, en este mundo oscuro y pecador, somos luz. Dios nos ha enviado: ¿cómo serán salvos si no creen? ¿Cómo
creerán si no escuchan? ¿Cómo escucharán si no hay nadie enviado? Tú estás siendo enviado. Ve.
Amén
